El libro de Job Cap. 7 - 8 PDF Imprimir E-mail
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El libro de Job
Capítulos 7 y 8

(P III)

<<< Parte II

Este capítulo lleva un encabezamiento que me parece incorrecto.  Dice: «Job argumenta contra Dios».  Yo le pondría por título: «Job expone sus agudos sufrimientos».

Job habla de la inseguridad de la vida

     “¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los días del jornalero?  Como el siervo suspira por la sombra, y como el jornalero espera el reposo de su trabajo, así he recibido meses de calamidad, y noches de trabajo me dieron por cuenta. Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré? Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.  Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable.  Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza” (Job 7:1-6).

Dice que la vida del hombre es brega.  Brega es una riña.  Bregar es luchar, reñir unos con otros.  Trabajar afanosamente.  Luchar con los riesgos y dificultades para superarlos.  El dicho que... «la vida es como la cebolla que hay que pelarla llorando», parece bien acertado.

El bebé lucha por sobrevivir.  A los pocos meses de nacido debe soportar las vacunas que lo inmunizarán contra tantas enfermedades que lo amenazan.  Luego debe luchar para ponerse de pie y dar los primeros pasos.  Lucha en la escuela, por aprender las primeras letras.  A veces tiene que imponer su capacidad para que lo dejen en paz.

Cuando llega a la escuela superior, debe seguir luchando y finalmente, cuando llega a la facultad que escoge, la misma cosa.  Lucha por no caer en manos de maleantes.  Lucha por encontrar trabajo y lucha por mantenerlo.  Si desea casarse, lucha por construirse una casita, si puede.  La vida no es un pic-nic.

Job toma como ejemplos al jornalero y al siervo.  Es decir, al empleado y al esclavo.  Hay diferencia entre ambos, pero en lo que a lucha se refiere, es la misma cosa.  El jornalero espera recibir su jornal y el esclavo espera poder descansar: “Como el siervo suspira por la sombra, y como el jornalero espera el reposo de su trabajo” (Job 7:2).

¿Por cuánto tiempo había sufrido Job?  El libro no dice a qué edad le sobrevinieron estos sufrimientos, ni cuánto tiempo duró esta amarga experiencia.  Pero tenemos una vaga idea en el versículo 3: “Así he recibido meses de calamidad, y noches de trabajo me dieron por cuenta”.

Para Job, el día y la noche eran tormentosos, pero aquí se menciona “meses”, así que probablemente no eran tanto como años, sino meses, sin embargo tengamos en cuenta que esto aparece al comienzo del libro: “Cuando estoy acostado, digo: ¿Cuándo me levantaré?  Mas la noche es larga, y estoy lleno de inquietudes hasta el alba” (Job 7:4).

Muchos hombres y mujeres sufrieron graves enfermedades y por años no lograron dormir, salvo bajo fuertes sedantes: “Cuando estoy acostado” aquí es lo mismo que... «No me puedo levantar, porque no puedo caminar...»  Mi pregunta es... “¿Cuándo me levantaré?, ¿cuándo me sanaré?, ¿cuándo mi sufrimiento será historia?”.  ¿Serán semanas?, ¿meses, décadas, años?  Peor aún por la noche: “estoy lleno de inquietudes hasta el alma”.

Su piel estaba agusanada: “Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable.  Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, y fenecieron sin esperanza” (Job 7:5, 6).
•    Pero... ¿Estaba el cuerpo de Job cubierto de gusanos?  ¿Debemos tomar esto literalmente?
•    ¿Estaba todo vestido de “costras de polvo”?
•    ¿Estaba su piel “hendida y abominable”?  Tenga cuidado con la palabra «hendida» porque así era como se conocía la lepra.
•    Era tan repugnante su apariencia que nadie deseaba verlo.  Es así más o menos lo que dice él en estos versículos.
•    Veamos ahora un poco lo del gusano, porque Job lo menciona unas cuantas veces: “Mi carne está vestida de gusanos” (Job 7:5).  Aparentemente como tenía esa costra, los gusanos no estaban debajo de la piel, sino encima de él.
    Dice que los gusanos llegaron a ser su madre y hermanas: “A la corrupción he dicho: Mi padre eres tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermana” (Job 17:14).  Y esto coincide perfectamente con lo que explicamos anteriormente.
    Declara, que a la postre, el cuerpo del ser humano es comida de gusanos: “Igualmente yacerán ellos en el polvo, y gusanos los cubrirán”(Job 21:26).
    Job parece hacer referencia a quienes mueren sin esperanza y de nuevo menciona a los gusanos: “La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve; así también el Seol a los pecadores.  Los olvidará el seno materno; de ellos sentirán los gusanos dulzura; nunca más habrá de ellos memoria, y como un árbol los impíos serán quebrantados” (Job 24:19, 20).

No debemos olvidar que cuando la Biblia se refiere al paradero de quien muere sin Cristo, es decir sin ser salvo, dice que...“murió y fue sepultado”.  De allí en adelante ya habla del paradero de su alma.  Pero veamos lo que dice la Escritura a este respecto: “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.  Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (Lc. 16:22, 23).  Tenga presente que aquí se está hablando del alma, no del cuerpo y que el mendigo representa a los salvos.

Finalmente Job habla de la pureza divina y dice que el hombre no puede justificarse delante de Dios, porque el ser humano debido a su pecado es como el gusano: “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios?  ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?  He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos; ¿cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?” (Job 25:4-6).

Si usted se ofende porque la Biblia lo compara con el gusano, quiero que sepa que el Señor, para tomar nuestros pecados sobre sí mismo, tuvo que descender al mismo nivel.  El Salmo 22, un salmo mesiánico, describe al Mesías en sus sufrimientos.  Aunque quien registró estas palabras fue David, quien habla realmente es el Señor: “Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.  Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: Se encomendó a Jehová; líbrele él; sálvele, puesto que en él se complacía” (Sal. 22:6-8).

Cuando Isaías describe el final de Satanás dice que estará cubierto de gusanos: “Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán” (Is. 14:11).

Isaías hace un contraste entre el final del justo y del perdido, diciendo que la polilla y el gusano se aprovecharán de quien muere sin Dios y sin esperanza: “Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley.  No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes.  Porque como a vestidura los comerá polilla, como a lana los comerá gusano; pero mi justicia permanecerá perpetuamente, y mi salvación por siglos de siglos” (Is. 51:7, 8).

Es tan miserable la eternidad sin Dios, que lo único provechoso que deja tras sí el que muere no siendo salvo, es su cuerpo que sirve de festín para los gusanos y las polillas.  La ropa con que visten el cadáver, para las polillas, y el cuerpo que tan bien cuidó quien lo habitaba, para los gusanos.

¿Le parece que vale la pena vivir sólo para terminar así?

¿Es esto todo para el ser humano?

Tanto el profeta Isaías como el mismo Señor nos dicen que cuantos mueren sin Cristo, sin ser perdonados, tendrán la compañía de los gusanos por la eternidad: “Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre” (Is. 66:24).

     “Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga... Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga... Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”(Mr. 9:44, 46, 48).

Pero hubo un hombre que murió comido de los gusanos en vida: “Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó.  Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz  de Dios, y no de hombre!  Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hch. 12:21-23).

¿Por qué le ocurrió esto a Herodes?  Porque se apropió de la gloria que pertenece únicamente a Dios. El hombre que es capaz de recibir gloria, o es capaz de rendirle gloria a los hombres, jamás dará la gloria a Dios.

El hecho que un soberbio, con pretensiones de Dios, de Cristo o del Espíritu Santo no muera comido de gusanos hoy, no necesariamente significa que su paradero momentáneo, la tumba, no sean polillas para su ropaje y gusanos para su cuerpo.  A su vez los mismos gusanos serán su compañía eterna cuando haya sido revestido de su cuerpo eterno... “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Mr. 9:44).

Por lo visto cada uno de aquellos que tanta burla hace hoy de Dios, de Cristo, de la Biblia, de la salvación, tendrán, como recompensa eterna, sus propios gusanos, los “gusanos de ellos”.  ¡Habrá suficiente de estos bichos para todos los perdidos!  Ahora no me diga que usted no sabe qué le espera más allá de la muerte, si no recibe a Cristo antes de morir.
Job descubre cuán fugaz es la vida: “Acuérdate que mi vida es un soplo, y que mis ojos no volverán a ver el bien.  Los ojos de los que me ven, no me verán más; fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser.  Como la nube se desvanece y se va, así el que desciende al Seol no subirá; no volverá más a su casa, ni su lugar le conocerá más.  Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma.  ¿Soy yo el mar, o un monstruo marino, para que me pongas guarda?” (Job 7:7-12).

Job le dice a Dios:
•    “Acuérdate que mi vida es un soplo”.
•    “Mis ojos no volverán a ver el bien”.
•    “Los ojos que me ven, no me volverán a ver”.
•    “Fijarás en mí tus ojos, y dejaré de ser”.

Tal parece como que se estremece al pensar de sí mismo frente a Dios.  Reconoce que con una sola mirada podría hacer que él dejara de ser.

Y para enfatizar la forma cómo su vida terminaría, dice... “Como la nube se desvanece y se va”.  Luego agrega... “Así el que desciende al Seol no subirá”, es decir, la persona que murió, murió.

Dos cosas aquí merecen nuestra atención: En primer lugar, lo corta que es la vida en el cuerpo.  Vale la pena agregar otras expresiones que aparecen en las páginas de la Biblia sobre el mismo tema: “¿Qué hombre vivirá y no verá muerte?  ¿Librará su vida del poder del Seol?”(Sal. 89:48), en otras palabras, ¿podrá evitar la muerte?
•    “El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más”(Sal. 103:15, 16).
•    “Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo” (Ec. 3:20).  Aquí se refiere al cuerpo, no al alma.  Para Dios todos viven como dijo a los saduceos, unos en el cielo, los que ya murieron, otros en el infierno, pero todos viven; oyen, sienten, recuerdan, miran, sufren, etc., y los otros en el cielo gozan, disfrutan de todo lo mejor que usted pueda pensar.
•    “Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana.  En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca.  Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos turbados” (Sal. 90:5-7).
•    “Voz que decía: Da voces.  Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces?  Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo” (Is. 40:6).
•    “El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.  Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas”(Stg. 1:9-11).
•    “Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.  La hierba se seca, y la flor se cae” (1 P. 1:24).

En segundo lugar, Job dice: “Así el que desciende al Seol no subirá; no volverá más a su casa”(Job 7:9, 10).

Si tomamos esto como la sepultura del cuerpo, podemos pensar que de allí no volverá a levantarse para ir a su casa.  Pero si espiritualizamos estas palabras, entonces se trata del que muere sin salvación.  Podemos agregar aquí lo de Proverbios 15:24: “El camino de la vida es hacia arriba al entendido, para apartarse del Seol abajo”. Este texto da a entender que el Seol, desde nuestra perspectiva estaría hacia abajo, aunque esto no es necesariamente correcto.

¿Quién molestaba a Job mientras dormía?: “Cuando digo: Me consolará mi lecho, mi cama atenuará mis quejas; entonces me asustas con sueños, y me aterras con visiones.  Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación, y quiso la muerte más que mis huesos” (Job 7:13-15).

Lo que Job declara es que sus sueños, sus visiones durante la noche, sus experiencias eran terribles.  Al dirigirse a Dios y decirle: “Me asustas con sueños, y me aterras con visiones”, reconoce que, los PERSONAJES que veía en sueños y las voces que oía, todo podía muy bien provenir de los mismos demonios que habían inspirado a Elifaz.  Job sabía que Dios bien pudo haberlo permitido.

Pero eso sí, era tan doloroso, tan desagradable que, exclama: “Mi alma tuvo por mejor la estrangulación, y quiso la muerte más que mis huesos”.

     “Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón?” (Job 7:17).  El patriarca admite que todo cuanto tenía, incluyendo su reputación, su intachable testimonio y su salud, se lo había dado Dios.

Luego se pregunta... «¿Para qué todo esto si al final termino tan miserablemente?».  Notemos el versículo 19, donde inquiere por cuánto tiempo más tendrá que seguir sufriendo.  ¡Él realmente deseaba morir!: “¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?” (Job 7:19).

Ahora veamos el gran final de este capítulo: “Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres?  ¿Por qué me pones por blanco tuyo, hasta convertirme en una carga para mí mismo?  ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad?  Porque ahora dormiré en el polvo, y si me buscares de mañana, ya no existiré” (Job 7:20, 21).

    Job admite que habiendo pecado, nada puede hacer.
    Luego hace esta pregunta: “¿Por qué me pones por blanco tuyo?”

Es como decir: «¿Soy yo el único pecador en el planeta, por qué soy el blanco tuyo?».  Job dice que el dolor es tal, que llegó a ser una carga para sí mismo.
Finalmente: “¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad?”.

Pareciera que Job le estuviera diciendo a Dios: «Yo reconozco que soy un pecador, pero eso es todo cuanto puedo ser.  Si quieres que siga viviendo, la solución será que tú mismo... ‘perdones mi iniquidad’».

¿Acaso no es este el espíritu del evangelio de la gracia?

Conviene citar aquí lo que el mismo Job dice más adelante en Job 25:4, 5: “¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios?  ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?  He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos”.
He pensado a veces en esto, y llegué a esta conclusión: que todo el universo, incluyendo las estrellas, las galaxias y todo cuanto abarca nuestro sistema cósmico, ha sido afectado por el pecado en algún grado.

Capìtulo 8

     Aquí es Bildad quien toma la palabra.  Ya hablaron Elifaz y Job.  De modo que aquí tenemos al tercer orador. Bildad, cuyo nombre significa «Hijo de disensión», y quien trata de justificar a Dios: “Respondió Bildad suhita, y dijo: ¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán como viento impetuoso?  ¿Acaso torcerá Dios el derecho, o pervertirá el Todopoderoso la justicia?  Si tus hijos pecaron contra él, él los echó en el lugar de su pecado.  Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso; si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti, y hará próspera la morada de tu justicia.  Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande.  Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas, y disponte para inquirir a los padres de ellas; pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.  ¿No te enseñarán ellos, te hablarán, y de su corazón sacarán palabras?” (Job 8:1-10).

¿Necesita Dios que lo justifique el hombre?  ¡No!  Dios no necesita que el hombre lo justifique, pues sus obras lo hacen.

¿Necesitaba Job, la lección de Bildad?  ¿Valía la pena escucharlo?

¿Quería Bildad “quedar bien con Dios” temiendo tal vez que le sucediera algo similar?

Alguien dijo que «Dios no prueba a cualquiera».

¿Quién era el más interesado en los discursos de estos “oradores” que le hablaban a Job?  ¿No eran acaso esos que vinieron ante la presencia de Dios pidiéndole permiso para destruir a Job?

Bildad desaprueba las palabras de Job

     Su declaración: “Hasta cuándo hablarás tales cosas” es lo mismo que decir que está expresando «palabras desacertadas, sin sentido, sandeces» o algo así.  Según él las palabras de Job eran “como viento impetuoso”.

No cabe duda de que los discursos de estos “amigos de Job”, eran parte del dolor que Satanás solicitó para inflingirle a Job.  Aunque Dios no los inspiró, sin embargo les permitió que hablaran así, porque esto era parte del paquete de lo solicitado.

En el versículo 3, Bildad le dice a Job que Dios no torcerá el derecho: “¿Acaso torcerá Dios el derecho, o pervertirá el Todopoderoso la justicia?”.  ¿Es que acaso Job no sabía esto?  Al afirmar que no “pervertirá el Todopoderoso la justicia”, fue como decirle a Job: «Mira Job, tú tratas de justificarte sin ser justo y pretendes que Dios avale tu injusticia».

Luego Bildad claramente manifiesta que todos sus hijos murieron porque eran malos.  Que obtuvieron de Dios lo merecido: “Si tus hijos pecaron contra él, él los echó en el lugar de su pecado”(Job 8:4).

Ahora Bildad comienza a ser un consejero para Job, declarándole: “Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso” (Job 8:5).  Primero lo apuñaló al decirle que sus hijos habían recibido lo merecido, y luego, tal vez al ver la reacción desconsolada de Job, se apresura a manifestar como si le ofreciera un consuelo, que tal vez todo cambiaría para él si «rogara al Todopoderoso».

Esta es la lógica barata del falso acusador: “Si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti, y hará próspera la morada de tu justicia.  Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande.  Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas, y disponte para inquirir a los padres de ellas; pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.  ¿No te enseñarán ellos, te hablarán, y de su corazón sacarán palabras?” (Job 8:6-10).  Esa lógica barata declara: «Si sufres, es porque lo mereces.  Dios nunca permitirá que sufran esos a quienes ama».

¿Es esto lo que la Biblia enseña?: “Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12:4-6).

•    “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado” (Ap. 2:2, 3).
    “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren.  Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg. 5:11).

No todos tienen el fin de Job.  ¿Sabe una cosa?  En realidad es mucho mejor no recibir todo en esta vida.  Es mejor recibirlo allá en el cielo, en el día de pago delante del Tribunal de Cristo, donde todos los cristianos compareceremos, y por supuesto que Job también estará ahí.

Recordemos lo que Dios había dicho acerca de Job: “Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8).  La palabra “perfecto” significa la medida que Dios quiere que tengamos, pero no siempre implica una persona perfecta, como sólo es Dios, también quiere decir la estatura debida.

No cabe duda que Bildad había sido manipulado completamente por el mismo Satanás y sus demonios.  Ni por casualidad dijo la verdad.

El resto del versículo 6 dice que si Job era inocente, Dios lo defendería y... “haría próspera la morada de su justicia”.

En el versículo 7 hay una “chispa de verdad”, la parte donde él dice: “Tu postrer estado será muy grande”, pero en medio de tantas acusaciones, de poco sirvieron esas palabras para el dolido Job.

Luego Bildad le aconseja, que pregunte a los mayores, a las generaciones pasadas, como diciendo: «Esta es una ley inalterable, la ley de la siembra y cosecha: Si fueras bueno, cosecharías lo bueno.

     Si desearas e hicieras cosas en bien de la salud de otros, saludable serías tú también.

     Si no fueras culpable, Dios, que es justo, jamás permitiría que esto te ocurriera».

Bildad le estaba predicando un falso evangelio, el mismo que proclaman hoy los “pare de sufrir”, los del “poder de la fe”, los del “di la palabra y si lo haces con suficiente fe, tendrás lo que declares”.

En otras palabras, le está diciendo: «Oye Job: ¡Comienza ahora mismo a decir: Estoy sano, estoy sano, estoy bien, el Señor hizo un milagro!  Ya no tengo nada de esa sarna asquerosa, repugnante que consume mi cuerpo, ya no la tengo más!».

¿Qué edad tenían estos “amigos” de Job?  “Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas, y disponte para inquirir a los padres de ellas; pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.  ¿No te enseñarán ellos, te hablarán, y de su corazón sacarán palabras?” (Job 8:8-10).
“Pregunta ahora a las generaciones pasadas” es lo mismo que... «así fue siempre».  «El malo recibe lo malo y el bueno, lo bueno».  Pero... ¿Tenía razón Bildad?: “He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.  Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; pues he sido azotado todo el día, y castigado todas las mañanas.  Si dijera yo: Hablaré como ellos, he aquí, a la generación de tus hijos engañaría.  Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos.  Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer.  ¡Cómo han sido asolados de repente!  Perecieron, se consumieron de terrores.  Como sueño del que despierta, así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.  Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas.  Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti.  Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha.  Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria.  ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?  Y fuera de ti nada deseo en la tierra.  Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal. 73:12-26).

    “Los azotes que hieren son medicina para el malo, y el castigo purifica el corazón”(Pr. 20:30).
    “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos.  Digo que esto también es vanidad” (Ec. 8:14).
    “Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti.  ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?  Los plantaste, y echaron raíces; crecieron y dieron fruto; cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de sus corazones” (Jer. 12:1, 2).
Analicemos estos textos:
    Los impíos pueden no ser turbados: “He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas” (Sal. 73:12).
    Los justos pueden sentirse defraudados en el sufrimiento: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia” (Sal. 73:13).
    Es posible que el inocente sea azotado todo el día: “Pues he sido azotado todo el día, y castigado todas las mañanas” (Sal. 73:14).
    Una persona que teme a Dios, al ver lo que parece injusto, puede sentirse tentada a ser tan mundano como el peor de ellos: “Si dijera yo: Hablaré como ellos, he aquí, a la generación de tus hijos engañaría.  Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí” (Sal. 73:15, 16).
    ¿Cómo resolver esta confusa situación?  ¡En la comunión con Dios!: “Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos.  Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer.  ¡Cómo han sido asolados de repente!  Perecieron, se consumieron de terrores” (Sal. 73:16-19).  Pero nosotros no vemos el fin, vemos el comienzo y algún tramo, pero no el fin.  Pero Dios no solamente ve lo que nosotros no vemos, sino que ve el fin de esa persona.
    El saldo al final: “...Menospreciarás su apariencia” (Sal. 73:20b).
    Al envidiar a quien, viviendo en pecado, “como que todo le va bien”, lo que estamos evidenciando es nuestra torpeza e ignorancia: “Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas.  Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti” (Sal. 73:21, 22).
    El fin del temeroso de Dios, es la compañía del Señor aquí y ahora, para finalmente ser recibido en Su gloria
    ¡Qué declaración la del versículo 26 del mismo Salmo!: “Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal. 73:26).
    Según Dios, “...el castigo purifica el corazón” (Pr. 20:30b).
    Es natural que cuando vemos a los impíos prosperar y a los santos sufrir, nos confundamos y nos parezca que Dios no es justo: “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos.  Digo que esto también es vanidad” (Ec. 8:14).
    Pase lo que pase, debemos saber que Dios es justo, aunque en cierto momento no podamos entender algunas de nuestras experiencias: “Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti.  ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?  Los plantaste, y echaron raíces; crecieron y dieron fruto; cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de sus corazones”(Jer. 12:1, 2).
Bildad aprieta el gatillo y le dispara un “tiro de gracia”: “Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.  ¿No te enseñarán ellos, te hablarán, y de su corazón sacarán palabras?  ¿Crece el junco sin lodo?  ¿Crece el prado sin agua?  Aun en su verdor, y sin haber sido cortado, con todo, se seca primero que toda hierba.  Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios; y la esperanza del impío perecerá; porque su esperanza será cortada, y su confianza es tela de araña.  Se apoyará él en su casa, mas no permanecerá ella en pie; se asirá de ella, mas no resistirá.  A manera de un árbol está verde delante del sol, y sus renuevos salen sobre su huerto; se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente, y enlazándose hasta un lugar pedregoso” (Job 8:9-17).
Se excusa al decir que... “nosotros somos de ayer”.  Como aclarando que la mejor fuente de aprendizaje es la experiencia de los mayores.  ¿Y qué de la Palabra divina?  Las experiencias son humanas, pero la Palabra de Dios es divina.

Las experiencias son temporales, pero los consejos divinos son eternos.

Las experiencias son terrenales, pero las promesas divinas son celestiales.

Los ejemplos de Bildad sobre el junco, el lodo, el prado y el agua, el verdor de la hierba, todo apunta en contra de Job.  Notemos bien el versículo 13: “Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios; y la esperanza del impío perecerá”.

Según Bildad, Job era el impío cuya esperanza perecerá. “Su confianza es tela de araña” donde uno queda atrapado.

Se apoya en su familia “mas no permanecerá ella en pie.  Se asirá de ella, mas no resistirá”.  Ya sabemos lo que pasó con su familia: “Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia” (Job 1:18, 19).

Tanto la familia de Job como el palacio donde sus hijos celebraban el cumpleaños del hijo mayor, todo se perdió.  El edificio cayó y los hijos murieron.  En este sentido Bildad tenía razón.
Sin embargo, sus palabras nos muestran la clase de “consuelo” que Satanás y sus ayudantes ofrecen para cuantos sufren.  Es una muestra del “consuelo” que tendrán cuantos irán a parar al infierno por la eternidad.  ¡Oh si tan sólo pudiéramos echarle un “vistazo” a ese dominio de las tinieblas para huir de allí con todas las fuerzas!

Bildad pretende hablarle a un Job culpable: “A manera de un árbol está verde delante del sol, y sus renuevos salen sobre su huerto; se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente, y enlazándose hasta un lugar pedregoso.  Si le arrancaren de su lugar, este le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.  Ciertamente este será el gozo de su camino; y del polvo mismo nacerán otros.  He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni apoya la mano de los malignos.  Aún llenará tu boca de risa, y tus labios de júbilo.  Los que te aborrecen serán vestidos de confusión; y la habitación de los impíos perecerá” (Job 8:16-22).

El árbol verde delante del sol significa que es muy saludable.

Sus raíces reciben agua abundante.

Poco a poco llega a tierra pedregosa, pero el árbol sigue sano y verde.

¿Qué significa la declaración del versículo 20?: “He aquí, Dios no aborrece al perfecto, ni apoya la mano de los malignos”.
Bildad no dice que Job es ese... “perfecto”, maduro en la fe, porque a renglón seguido dice... “Ni apoya la mano de los malignos”.

Lo que le dice es esto: «Mira Job; Dios no te apoya porque eres maligno».

Los versículos 21 y 22, recogen las palabras de Bildad quien parece tratar de convencer a Job cuál sería su recompensa si él no fuera culpable.
•    “Llenará tu boca de risa”.
•    Llenará “tus labios de júbilo”.
•    “Los que te aborrecen serán vestidos de confusión”.

Finalmente... “La habitación de los impíos perecerá”.

Es decir, la seguridad, la confianza, la estabilidad, la ausencia de todo peligro, sería para ti, Job, si tan sólo no fueras culpable de lo que te toca vivir.

¿Le gustaría a usted contar con esta clase de consolador si estuviera en una situación de dolor?

¿No nos estará enseñando todo esto algo de lo cual casi nunca pensamos?

¿No nos estará diciendo la clase de “consuelo” que tiene Satanás para aquellos a quienes él mismo destruye con permiso de Dios?

¿Para qué se escribió el libro de Job y se incluyó todo cuanto dijeron estos hombres para herirlo aún más?  ¿Realmente quiere la respuesta para qué?: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Ro. 15:4).  ¡Menos mal que tenemos esperanza, porque tenemos las Escrituras!

¡Y pensar que los cristianos tenemos a un Consolador infalible, el cual está con nosotros todo el tiempo desde que descendió en el Pentecostés!: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn. 14:26).

    “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Jn. 15:26).
•    “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Jn. 16:7).

Piense por un momento en la clase de consoladores que tienen los del mundo.  Si nadie le visita a usted cuando necesita una palabra de consuelo, tal vez sea mejor, no sea que algún “hermano Bildad” lo haga, y le cause más daño que bien.  Los cristianos tenemos a un Consolador que sabe cómo consolarnos, porque está EN nosotros: “El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:17).

Los doce que estaban con el Señor, ¿estaban más cerca de Él que nosotros, o estamos nosotros más cerca suyo?  ¿O Él estaba más cerca de ellos, o está hoy más cerca de nosotros?  Ciertamente entonces estaba CON ellos, pero hoy está EN nosotros.

 
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