| Persia en la profecía |
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Persia en la profecíaSi usted menciona a Persia en el contexto de la profecía bíblica, probablemente la primera referencia que le llegue a su mente, sea la invasión a Israel en los últimos días, por una fuerza armada gigantesca comandada por “...Gog en tierra de Magog...” (Ez. 38:2b). El profeta Ezequiel describe gráficamente la integración de una alianza grandiosa con Rusia en los últimos días, en la cual Persia está mencionada primero en la lista. Hasta 1935, Persia retuvo su nombre antiguo. Después de eso llegó a ser conocida como Irán, de una palabra en su idioma que significa «tierra de los arios». Más adelante, en el curso de este artículo, veremos la importancia profética de este término. Persia ocupa una posición central de importancia en el continente Euroasiático, y posee una gran reserva de petróleo y gas. A mediados del siglo XX comenzó a figurar fuertemente en los planes de los financieros de occidente. Conforme crecía en poder, siguió una revolución política que llevó a la formación de la república islámica de Irán, el primero de abril de 1979. Los estudiantes de la Biblia que la analizan desde el punto de vista dispensacional, ven este desarrollo tal vez como el paso final en la intensificación hacia otra guerra mundial. La Biblia asegura que esta confrontación ocurrirá, cuando Persia, junto con Rusia y una hueste de otras naciones, invada a Israel, resultando en los juicios de la tribulación que conllevarán a la segunda venida de Cristo. El clásico punto de vista judío de esta guerra la describe en tres fases: 1. La primera está marcada por la invasión a Israel de una confederación integrada por Rusia y Persia, que incluye partes de Turquía, el Norte de África y el Oriente de Europa. De manera asombrosa, Egipto y los estados árabes están excluidos de la alianza. Lo que sigue después de este punto, es la estabilidad política global del mundo que habrá quedado reducida a un caos absoluto. La condición que prevalecerá en este punto está descrita en el libro de Apocalipsis, después que los “cuatro jinetes del Apocalipsis”cabalguen en su horrorosa misión, causando millones de víctimas, hambres, epidemias y colapso económico. A lo largo de los años ha habido mucha discusión acerca de la relación entre la invasión rusa y la tribulación. El punto de vista de estudiosos de la profecía es que la invasión tendrá lugar antes de los siete años del período de la tribulación, el cual de acuerdo con Daniel, se iniciará con la firma de un pacto de siete años entre Israel y el Anticristo. Esto significará, que esta firma infame será estampada en un documento importante en presencia de los ancianos de Israel, incluso mientras el humo de la gran invasión todavía flote en el aire. Y aunque la guerra haya finalizado, será un tiempo peligroso marcado por el pandemonio económico, hambre, enfermedades y terremotos. El Anticristo atrevidamente prometerá conducir a Israel y al mundo hacia una nueva era de prosperidad. En ese tiempo, Gog y su fuerza invasora habrá sido exterminada milagrosamente, dejando a Israel para que se deshaga del material de guerra abandonado por el enemigo, entierre a los muertos y reconstruya lo destruido. Ellos ciertamente considerarán su victoria como un milagro de Dios. Desafortunadamente, no tendrán el discernimiento espiritual para reconocer que el supuesto “mesías” que está en medio de ellos no es el Prometido. Aparentemente, será en ese tiempo que edificarán su templo... el llamado “templo de la tribulación”, desde el cual el Anticristo, actuando como el Mesías verdadero, se dispondrá a gobernar al mundo. Los judíos lo recibirán como su tan esperado rey. Refiriéndose a este hombre, el Señor Jesucristo dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis” (Jn. 5:43). Persia, el garfio La Biblia indica que la serie de eventos que llevarán a Israel a este lamentable estado, lo desencadenará la Persia bíblica, el Irán de hoy. De manera significativa, para finales del mes de mayo de 2009, el presidente Ahmadinejad declaró que su país tenía más de siete mil centrifugadoras nucleares en operación, produciendo plutonio apto para fabricar ojivas nucleares. Al mismo tiempo, hizo mofa de Estados Unidos y sus aliados, desafiando a las autoridades morales de esta nación, al asegurar «Que el holocausto es una ficción del occidente, además de su talón de Aquiles y su principal debilidad». El 28 de mayo de 2009, Dudi Cohen del servicio de noticias Yediot Ahronot, escribió: «Respondiendo a los comentarios hechos por sus oponentes en un evento nacional por motivo de las elecciones, Ahmadinejad dijo a traves de una estación de radio que ‘el Occidente había creado una situación de falsa compasión por ellos mismos y que la estaba usando para oprimir a otras naciones’. Él añadió: ‘Nosotros atacamos el asunto del holocausto, porque ni siquiera ellos mismos creen que tal cosa ocurrió, y al hacerlo atacamos su principal punto débil’». En el mundo del islam, está posición no es considerada fuera de lugar. Pero cuando cualquiera examina las pruebas recopiladas por los historiadores, en películas, grabaciones y testimonios escritos de los propios protagonistas y testigos presenciales, dando fe absoluta de que el holocausto verdaderamente fue una realidad, tales declaraciones rayan en la locura. Como ya veremos, la moderna Persia tiene más influencia que la que generalmente se le reconoce. Este hecho se refleja en las palabras iniciales de la profecía de Ezequiel, en donde Persia asume una posición dominante: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec y Tubal, y profetiza contra él, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo” (Ez. 38:1-5). Aquí, a Gog, el líder ruso, se le retrata como una gran bestia, con las riendas puestas, siendo arrastrada literalmente hasta la arena del conflicto. No importa cuántas miles de palabras se hayan escrito respecto a lo que llevará a Rusia hasta Medio Oriente, el hecho que permanece, es que ellos participarán sin estar dispuestos a hacerlo, no intervendrán voluntariamente en la riña. Rusia e Irán en la actualidad, son copartícipes de un pacto de defensa mutua por muchos años. Además, el hecho que Rusia ha contribuido en la construcción del reactor nuclear Bushehr en Irán, es algo bien documentado. Moscú tiene un interés poderoso en Irán. Por consiguiente, si su lunático líder, en uno de sus ataques de furia dispara un misil contra Israel, Rusia se verá obligada a intervenir en el área para preservar su propia inversión e intereses en la política de la región. Y sin duda lo hará si el caso lo amerita. Al leer una vez más la profecía de Ezequiel 38:1-5, uno puede leer entre líneas, que inicialmente y de alguna forma Rusia se verá arrastrada hacia Medio Oriente en un conflicto que ya está fuera de control. Este ciertamente sería el caso, si Irán disparara un misil provocando con esto un contra ataque de parte de Israel. Si tal pareciera que Israel está en control de la situación, esto sería particularmente indeseable desde el punto de vista de los rusos. En el versículo 4 de la profecía de Ezequiel, dice en efecto, que Persia lanzará una invasión que inexorablemente involucrará más y más a Rusia. Esta sugerencia es sutil, pero para asegurarnos sólo tenemos que documentarnos tanto por medio de la historia como a través de los eventos contemporáneos. Tradicionalmente, Rusia ha operado secretamente, disfrutando el arte de la manipulación distribuyendo armas y apoyo militar en la región, así sea a Irán, Siria, Jordania o Egipto. En cumplimiento de la profecía de Ezequiel, ellos serán arrastrados a un conflicto desatado, lo cual los conllevará a una vil derrota. Es probable entonces, que Persia actúe como el garfio en la quijada de Gog. Hacia el norte y hacia el oriente Como veremos, el moderno Irán está geopolíticamente bien ubicado para actuar como el iniciador de la guerra profetizada para los últimos días. La Persia bíblica abarcaba mucho más territorio que el Irán del día moderno, el cual es realmente sólo la porción central de la nación antigua. En su auge Persia era enorme, el imperio más grande del mundo antiguo. En el siglo V A.C., sus reyes eran soberanos sobre el territorio que cubría el Irán de hoy, Iraq, Armenia, Paquistán y Afganistán. Además de su propia jurisdicción, también se apropiaron de territorios al oeste y al suroeste. ¡Asimilaron partes de lo que hoy sería Turquía, Grecia, Egipto, Siria, Jordania, Israel, Líbano, la región del Caúcaso, Libia y el norte de Arabia! Durante los días del cautiverio de Daniel, desde el año 650 hasta el 536 A.C., Persia también incluía a Babilonia, la que sirvió por un tiempo como su capital, después que fuera movida desde Persépolis. A partir del año 485 hasta el 465 A.C., Jerjes I gobernó Persia. Su nombre hebreo “Asuero”, está citado en el libro de Ester, como el monarca que la eligió para que fuera su esposa. Aquí está registrada la historia de la providencia de Dios, cuando ella se convirtió en reina y expuso la perversa conjura del malvado Amán. Durante su reinado, Jerjes sufrió pérdidas catastróficas en batallas contra los griegos. Sus tesoros se agotaron y Persia comenzó a declinar territorialmente en su poder, el cual volvió a expandirse una vez más, justo antes del auge y caída de Alejandro el Grande, quien murió en el año 323 A.C., después de conquistar el territorio de Persia a todo lo largo hasta el río Indo. Puesto en términos modernos, el territorio de Persia antigua corresponde a Irán, Afganistán y Paquistán. De manera asombrosa, estos son los mismos países que ahora tratan de ingresar en el mundo de la fuerza nuclear, teniendo la habilidad para disparar misiles de largo alcance con ojivas atómicas. Se sabe por largo tiempo que Paquistán cuenta con armamento nuclear, y ahora los seguidores de Al Qaeda, amenazan con tomar control del gobierno. Si esto ocurriera, Afganistán rápidamente se convertiría en un escondite para armamento nuclear, y de allí rápidamente se propagaría todo el armamento nuclear virtualmente por la entera región de Persia antigua. Claro está, con la ayuda de Rusia, Irán ahora es capaz de disparar misiles balísticos con cabezas nucleares. En breve, Persia antigua habrá resurgido una vez más. Dice: “Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército... Y te quebrantaré, y te conduciré y te haré subir de las partes del norte, y te traeré sobre los montes de Israel” (Ez. 38:15; 39:2). Claramente, la invasión cobrará su máxima fuerza cuando Rusia sea arrastrada en el teatro de la batalla. Habiendo notado esto, es también interesante extender otra línea desde Jerusalén. En esta ocasión, un trazo proyectado directamente desde el oriente de Jerusalén pasa a través de Lahore, la segunda ciudad más grande de Paquistán y capital de la provincia norte de Punjab. Esa raya también atraviesa a Irán y Afganistán. Es una línea de fuerza que cruza todo el camino desde Jerusalén a través del entero territorio de Persia antigua hasta el río Indo. Persia - Una fuerza espiritual Al norte y al oriente de Jerusalén se está gestando una tormenta. Por cuatro mil años, ha sido un territorio dominado por políticos diabólicos y hombres inicuos. Por muchas razones, tal vez la mayoría de ellas desconocidas para la humanidad, las dinastías terrenales de Persia han constituido el bastión de las fuerzas hostiles a Israel. Pero Persia también porta testimonio de la gracia de Dios, quien a lo largo de los siglos ha usado a sus gobernantes para bendecir a Israel, en la misma forma como usó a Asuero. Aunque el Señor disciplinó a su pueblo del pacto, nunca lo abandonó, ni lo hará. Uno de los grandes testimonios de este hecho se encuentra en las palabras iniciales del libro de Esdras, dice: “En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén. Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén” (Esd. 1:1-4). Ciro, rey de Persia, movido por el Espíritu del Señor, decretó en el año 536 A.C. que se reconstruyera el templo de Israel, siguiendo a su destrucción por las fuerzas de Nabucodonosor en el año 586 A.C. Más de un siglo antes, el profeta Isaías había escrito en términos precisos, que Ciro actuaría como agente Divino en el difícil logro de restaurar las ruinas de Jerusalén. Las acciones de este gran gobernante, constituyen una de las mayores demostraciones de la historia de la soberanía de Dios: “Que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado... Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán” (Is. 44:28; 45:1). En el libro de Daniel, escrito en el siglo VI A.C., encontramos las dinastías de Persia mencionadas prominentemente en el texto de la profecía que se extiende hasta un futuro distante, incluso mucho más allá de nuestro momento contemporáneo en la historia: “En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión. En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas. Y el día veinticuatro del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel. Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud” (Dn. 10:1-6). El tercer año del reinado de Ciro, debe haber correspondido al año 533 A.C., justo después de que expidiera el decreto para restaurar el templo de Jerusalén. En este tiempo, Daniel recibió la visión increíble de la crónica de las dinastías gobernantes, que llevarán a la humanidad hasta la conclusión de los tiempos de los gentiles, y el establecimiento del reino de Cristo. Respecto a estas potencias mundiales gentiles, tal parece que cada una de ellas está respaldada por una especie de vigilante angélico. Tal como escribió Pablo en el Nuevo Testamento, el mundo de los gentiles es supervisado por un grupo de poderes en los cielos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). La manera en la cual Daniel recibió su visión, apoya fuertemente esta idea. Quien se opuso a él, fue el principado que tiene cuidado de Persia: “Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días” (Dn. 10:10-14). ¡Aquí tenemos el espectáculo del tenebroso poder sobrenatural de Persia que está en oposición a Dios! Claro está, desde nuestra perspectiva esto no es nada increíble, ya que más tarde el propio Señor Jesucristo permitió que Satanás lo tentara antes de iniciar su ministerio público. Muchos estudiosos de la Biblia, creen que fue el Cristo preencarnado quien se apareció para darle la visión a Daniel. Siendo este el caso, es asombroso de que tuviera oposición por un período de veintiún días, tal como se mide el tiempo en la tierra. Un comentario muy conocido el Keil and Delitzsch, volumen 9, página 410, dice lo siguiente: «Esta forma celestial lleva puesta sobre sí, el radiante talar blanco común a los ángeles, tal como el ángel mencionado en Ezequiel 9:2, sin embargo todas las otras características, tal como son descritas aquí (el brillo de su cuerpo radiante como el berilo, el resplandor de su rostro, sus ojos como antorchas de fuego, sus brazos y pies como de color de bronce bruñido, el sonido de su voz) todo esto señala a la revelación de la gloriosa aparición del Señor, y nos enseña que a quien Daniel vio, no fue un ángel-príncipe común, sino una manifestación de Jehová, el Logos». Aquí tenemos una reflexión notable de los protocolos del cielo. Las dinastías de este mundo tienen gobernantes, y sus regímenes son considerados aparentemente inviolables. ¡El propio Señor lo reconoció! Él fue detenido hasta que Miguel de alguna forma llegó para ayudarlo, a no dudar actuando como el representante de la nación de Israel. La cosa importante para ver aquí, es que las edades de los gentiles están colocadas en las manos de poderosas jerarquías bajo el gobierno de Satanás. Aparentemente, a cada una de ellas le ha sido otorgada la vigilancia de una era, en la marcha de los poderes gentiles. Esta percepción es validada por las palabras de despedida del Señor. Él dejó a Daniel después de expresar su intención de batallar contra la autoridad gobernante de Persia, agregando que después de eso la posición del gobernante celestial cambiaría de Persia a Grecia: “Él me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe” (Dn. 10:20, 21). Aquí el Señor no sólo le dice a Daniel que va a tener lugar un cambio en el poder, sino que nadie más está luchando a su lado, excepto Miguel, el arcángel guardián de Israel. Esto nos da una perspectiva más profunda de la batalla que se ha estado librando en los cielos desde la caída de Satanás. Esta proclamación concluye el capítulo diez de Daniel. Siguiendo inmediatamente, en el capítulo once, tenemos las palabras de la profecía recibidas por Daniel. Documenta el cambio de poder de Persia a Grecia: “Y yo mismo, en el año primero de Darío el medo, estuve para animarlo y fortalecerlo. Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aún habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia. Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad. Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado, y será para otros fuera de ellos” (Dn. 11:1-4). En los días finales del gobierno de Medo-Persia, el Señor le dice a Daniel, que después de Darío habría tres gobernantes más, antes del cambio a una nueva dinastía, los cuales históricamente son Cambises, Smerdis y Darío Histaspes. El cuarto es nada más y nada menos que Jerjes, el rey persa llamado Asuero que eligió a Ester como su reina. Con su gran riqueza y naturaleza expansiva, Jerjes buscaba someter a todos sus enemigos. Sus ataques en contra de los griegos finalmente ocasionó el agotamiento de sus riquezas y tesoros, y la destrucción de su reino por Alejandro el Grande, quien creía que los persas habían atacado su reino sin causa. En los últimos dos versículos del pasaje anterior, “el rey valiente” es Alejandro el Grande, quien conquistó a Persia, la que se estimaba que en ese tiempo abarcaba todo el mundo civilizado. Fue así como Persia se convirtió en territorio griego. Siguiendo a la muerte de Alejandro ocurrida en el año 323 A.C., su reino se dividió entre sus cuatro generales: Tolomeo, Seleuco, Casandro y Lisímaco. De ellos, Seleuco fue el más dominante, y de su dinastía finalmente salió el proto-anticristo, Antíoco Epífanes el Cuarto. La dinastía Seléucida finalmente se fusionó con las casas reales de los césares romanos, alrededor del tiempo del Señor Jesucristo. En los siglos que siguieron, el poder de Grecia menguó, seguido por Roma. Las divisiones oriental y occidental de la iglesia institucional presidieron durante la edad del oscurantismo. Aunque otros ganaron poder allí, a Persia todavía se le llamaba Persia. Permaneciendo en un estado de letargo aparente a lo largo de los siglos, esta nación pacientemente esperaba por estos últimos días, para volver a surgir al poder una vez más. Hoy, los ayatolahs, los talibanes y los partidos políticos de la región sienten que su tiempo ha llegado. |


